martes, 22 de mayo de 2012

Televisión #1


Quizás lo más cómodo sería creer que todo  tiene que ver con todo. Que no existen las coincidencias. Que las telenovelas o las almohadas están afinadas en el mismo tono y que todo cuenta una historia; tú historia. (¿Y cómo podría una historia cualquiera no ser parte de la infinita trama de tu vida?).
Finalmente, y en más de un sentido, todo tiene que ver con todo. Todo es comprable y vendible, todos somos mercancías en un mundo de mercancías. No necesariamente tiene que ser así, pero así es. (Es como es, no como quisiéramos que fuera).
Los rostros en pantalla son hermosos, ni duda cabe. Mujeres de enormes tetas y jóvenes de rostro varonil y abdomen de lavadero. No como nosotros, como tú y como yo que observamos embelesados. Pausa para beber y orinar durante los avisos publicitarios.
Quizás hay que tener mucha fe en la interpretación para tratar de encontrar un sentido entre la avalancha de imágenes. En un país donde NUNCA nieva, la burguesía (bastante pequeña, por cierto) juega a confundirse con la realeza.  Pero el sentido debe estar ahí, si ya aceptamos que todo tiene que ver con todo.
Seguimos pendientes del brillo bastardo del televisor. Los noticiarios no dicen lo esencial, nos venden una falsa imagen del mundo. Y que importa, podemos comprarla si hacemos un poco de esfuerzo. A nadie le interesan los calzoncillos mugrientos, así que preferimos conocernos a través de las mentiras más o menos veladas que nos ofrece el horario estelar.
A esto hemos llegado, a intercambiarnos las cabezas. Cerveza, nuestro punto débil.
En algún lugar – probablemente Hawai – Elvis está vivo y se divierte viendo series viejas de los setentas. Nuestra cultura está hecha de parches, de santacloses y vírgenes de Guadalupe, internet y gasolineras, juegos de video y películas (mal) dobladas.
Y nosotros que queremos entender. Meter toda esa diversidad de stock shots  en un mismo cajón. Como si así pudiéramos hallar el sentido de nuestras vidas.
(Aunque claro, todo el mundo sabe que nuestras vidas no tienen sentido y sólo están hechas de recuerdos televisivos, en los que todo tiene que ver con todo, pero nada con nosotros).

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